En la posmoderna Sociedad de la Información, el secuestro de los medios de comunicación masiva de Lima es de por sí un acto autocrático y descaradamente manipulador. En la década de los noventa, el fujimorismo había apostado por las cortinas de humo, abarrotando las paredes de los puestos de periódico con diarios “chicha” y atosigando la atención a los televidentes con semejantes talk shows de una aliada montesinista: la señora Bozzo. Empero, en el golpe descomunal de la globalización, eso no basta—como versa la canción de Franco De Vita—, no basta distraer al espectador para que olvide la década de corrupción y autocracia que vivimos hace ya una generación. De ello ha aprendido la señora Fujimori y su bancada tras varias derrotas. Ahora, la prensa nacional se ha convertido en la maquinaria para el Gobierno del Terror del Sendero Naranja.
Una prensa que considera más insultante que un candidato no sepa de monopolios que su candidata haya ordenado la cúpula de su organización criminal para condonar a los jueces “Cuellos blanco” del Tribunal de Justicia. ¿Sabía usted que el terrorismo lo han practicado más los llamados gobiernos de “derecha”—paradigma obsoleto para entender la actual política—que los de “izquierda”?

El terrorismo, señores, es una forma violenta de lucha política, mediante la cual se persigue la destrucción del orden establecido o la creación de un clima de terror e inseguridad susceptible de intimidar a los adversarios o a la población en general. Dígame, lector, si no le viene a la mente a un Estados Unidos justificando sus guerras o a los fujitrolls que satanizan tan férreamente a sus rivales. Fue, justamente, el politólogo Noam Chomsky quien apuntó que estos medios de comunicación no informan, sino que dan forma a la noticia en pro del grupo dominante. Al respecto, César Hildebrandt refiere, en una reciente entrevista, que es sospechoso que el equipo técnico de Fuerza Popular inició a tratar el tema del VRAEM en las últimas dos semanas—casi como “prediciendo”— la masacre última, la cual es muy extraña que sucediera “por casualidad” ad portas de las estas elecciones. 

Si Montesinos inauguró un nuevo género de corrupción en la época televisiva con los celebérrimos “Vladivideos”, antes del cambio de milenio, el legado fujimorista lo llegó a desplegar. Como he señalado antes, en aquellas épocas las maniobras y triquiñuelas se urdían debajo de un escritorio, en alguna oficinilla de los “dones”, a hurtadillas, sin mucha publicidad: nombres a media tinta, operaciones dudosas, de rastro casi ininteligible. La población de aquellos lustros tenía conciencia que algo ocurría. Lo sabía de antemano. Pero, al verse desprovista de la información diáfana y contundente, no podía tomar parte en la resolución. En los últimos cinco años hemos presenciado la corrupción a todo color, en pantalla plana y en formato HD, una corrupción de espectáculo: ¡descaradamente la bancada fujimorista indultó a los jueces y fiscales más corruptos de la Nación!, ¡se han negado a investigar celebres agentes nítidamente corruptos!, han ordenado vacar Presidentes y han traicionado al Perú. Yo me pregunto alarmado: ¿Qué más debe ocurrir? Creo que a pesar de que salieran en televisión nacional admitiendo ser delincuentes y “hermanones”, aún habría insensatos que dirían: los obligaron, fue mentira.
El Nobel Vargas Llosa, diserta que no hay una mejor manera de medir la libertad de un país que consultando su prensa, pero la prensa nacional, no está haciendo su trabajo. ¿Está usted seguro, lector mío, que su voto no se basa en el miedo que le ha infundido la prensa monopólica por algo que usted—seguramente—desconoce? ¿Está seguro de tener libertad real? He observado con incredulidad un sinfín de excusas que parlotean sobre ambos candidatos: No votaré por aquél porque estatizará la minería, ¿sabe usted qué significa eso? ¿sabe si conviene o no? ¿sabe usted la diferencia entre estatizar y nacionalizar?, no votaré por éste candidato porque tiene imagen de cholo, ignorante o “imagen”. ¿En serio, hermano peruano? ¿En eso se basa su voto?

El ridículo estribillo: “Estaremos como Venezuela”. Es irrisorio, totalmente irrisorio. ¿Sabía usted que Colombia estuvo en la misma encrucijada que Nuestra Nación? En las urnas, nuestros hermanos colombianos eligieron a su mesiánico representante de derecha. Y aquel profeta salvador, el mandatario, Iván Duque, ha impuesto tributos extraordinarios desprotegiendo a los sectores bajos y medios de la población y en favor a los transnacionales y grandes dueños del país. Por ello, el pueblo cafetero ha salido a las calles, en medio de una incipiente guerra civil. No faltó la prensa amarillista que trató de inculpar la crisis a las guerrillas de las FARC o al narcotráfico. Sólo espero que voten por el Sendero Naranja para que nuestro país sea la Nueva Colombia, para que nadie diga: se los dije.

Cuando Castillo pasó a segunda vuelta—la sorpresa electoral—, se desgarró la añeja cicatriz del cholo choleador. Las redes sociales, que son el reflejo de un pensamiento social peruano, se inundó de comentarios discriminatorios y elitistas que poca mella hicieron en la tan delicada generación de cristal (mucho de los cuales incluso fueron propiciadores de la iniciativa), estas demandas poco atendidas en un década dedicada a ofenderse por todo, dan cuenta de un complejo social que venimos arrastrando desde la República, y se despliega la rencilla en la que uno se pregunta: ¿Ganará aquella Lima apitucada o ganará el Perú?
En un país en el que se hacen marchas “Contra la corrupción” (como si la corrupción tuviera oídos y ataques de moral) mientras que los peces gordos del acuario observan, resguardados por el ventanal reforzado en un octavo piso de la ciudad, a la masa amorfa —no confundir con sociedad—que inunda las avenidas, riéndose están, a carcajadas, como quien ve a un médico gritándole a una muestra de saliva tuberculosa con ímpetu de curar a su paciente con este método. En un país con esta mentalidad, no es de extrañar que Don Miedo tome su saco de desinformación al hombro y vaya a las urnas a “botar” su voto y no a “votar” de verdad.

En el libro de Jorge Bruce, «Nos habíamos choleado tanto: psicoanálisis y racismo”, faltaría agregar “Nos habíamos terruqueado tanto”. Y es que, ¿se dio cuenta usted? ¿En qué momento una propuesta se convirtió en un arma de terrorismo? Ciertamente, como lo dijo el célebre activista afroestadounidense, Malcom X, los medios son tan poderosos que convierten a los inocentes en culpables y a los culpables en inocentes, si no estás prevenido te harán amar al opresor y odiar al oprimido. Como muchos analistas políticos han explicado, las propuestas ya no se analizan por su valor intrínseco, más que de qué agrupación proviene. En un país en el que se cree voto informado es un voto informado por una altamente corrupta y parcial prensa, ¿está usted informado realmente? ¿Vota usted o vota su miedo al cambio?