Opinión | Educación con igualdad, por Amire Ortiz

Hemos cerrado el mes de junio, mes del orgullo, mes que ha permitido que ciudades como la nuestra tenga en la escena pública una movilización social nunca antes vista, pues la comunidad LGTBI+ wanka ha dado el inicio a ese largo y arduo camino que debemos recorrer para aprender que las personas deben ser valoradas por su condición de seres humanos y no por su orientación o identidad sexual y sacarnos todo ese prejuicio que alguna vez inculcaron en nuestras almas.

Todos y todas hemos crecido en esta sociedad bajo las reglas del machismo, la homofobia, lesbofobia, transfobia y demás, pero esa no es justificación para que, ya como adultos, seamos críticos, empáticos y más humanos para aprender a deconstruir esas prácticas culturales nocivas y así entender que nadie debe ser odiado por su forma de ser o de amar.

Ninguna persona LGTBI+ quiere que todos lo sean, únicamente quieren vivir con libertad y gozando de todos aquellos derechos que como seres humanos les corresponde por el simple hecho de existir. Precisamente de eso se trata, de que las personas seamos libres de ser y amar como queramos sin que ello implique una exposición al maltrato indigno. Los seres humanos son diversos desde tiempos inmemorables, no es nada “nuevo” ni “raro” que personas del mismo sexo se amen o que la identidad no sea la misma que la del sexo biológico.

Cuando hablamos de educación solemos asociarla inmediatamente a la formación escolar, la cual sin duda alguna se encuentra comprendida en este concepto, pero no congrega todo el significado que como sociedad debemos interiorizar. La educación es permanente, y es obligación nuestra que ahora nos eduquemos para la igualdad.