Opinión | A medio siglo de la reforma agraria, por Carlos Bolaños

Este 24 de junio se ha cumplido 50 años de la polémica Reforma Agraria implementada por el general Juan Velasco Alvarado, presidente de facto tras dar un Golpe de Estado al primer Gobierno de Fernando Belaunde Terry. A pesar del tiempo transcurrido los peruanos siguen hoy divididos entre quienes muestran su acuerdo con la medida y otros que la responsabilizan de grandes males que, supuestamente, persisten hasta hoy.

En lugar de ingresar a los argumentos de las partes, nos centraremos en aspectos muy importantes como que, antes de la mencionada reforma, en el norte y sur del país, las haciendas y latifundios mantenían las prácticas de la España del siglo XVII (1600) en la que se conservaba el semifeudalismo: los dueños de esa grandes extensiones agrícolas eran gamonales que explotaban inmisericordemente a los campesinos; estos últimos no tenían derecho a una propiedad, a un salario mínimo, a estudiar, ni siquiera a mirar a la cara del patrón, menos a reclamar; por el contrario, eran objeto de tratos vejatorios indignantes. Para esa época ya existía legislación que prohibía ese tipo de explotación solo que, como en este siglo XXI, la oligarquía no permitía su aplicación.

Para 1969 era indudable que ya no se podía mantener ese tipo “exitoso” de producción agropecuaria; el dilema era cómo llevar adelante el cambio. El régimen de Velasco apostó por expropiar las tierras y entregárselas a los campesinos para que las administren a través del cooperativismo, esto último fue lo que  finalmente fracasó porque, como ahora, no tenemos capacidad de asociarnos.

Si en lugar de las medidas provenientes de “el patrón no comerá más de tu pobreza”, los miles de explotados hubiesen recibido la orden de tomar las armas para “destruir el viejo Estado”, las consecuencias hubiesen sido fatales. La reforma se produjo en 1969, Sendero Luminoso (SL) nacía en 1970.

Por razones puramente humanas, no se debía equiparar las funestas consecuencias de la reforma, cuantitativa y cualitativamente en la producción agropecuaria, con la libertad de los pongos; sin embargo, medio siglo de no querer entender el fenómeno social de la historia, creo deberíamos empezar por ahí, en vista de que todo este tiempo solo se ha visto una cara de la moneda.