Opinión | Caimanes del mismo pozo, por Luis Nieva

Todavía hay un sector del chavismo leal a Hugo Chávez y que reniega en secreto contra Nicolás Maduro. Hay un reducido número que añora la prosperidad que vivía Venezuela cuando Chávez era presidente y que hoy ve a su país hundido en la crisis y al borde de la guerra civil. Y es verdad, Maduro no es Chávez, Maduro sería junto con su aprendiz Vladimir Cerrón, caimanes del mismo pozo.

El gobernador regional de Junín se fue contra todo pronóstico a la Venezuela de Maduro, esa que muere de hambre y que ha exportado más de 800 mil venezolanos a nuestro país. Si usted se quejaba de tanto venezolano por las calles, pues la culpa es de Maduro, el nuevo amigo de Vladimir Cerrón. Ambos se parecen en mucho, tienen un distorsionado sentido de las prioridades.

Cuando Cerrón regresó de su paseo por China se le preguntó si abandonaría nuevamente la región yéndose a Venezuela y él dijo que de no haber prioridades en Junín podría viajar y así lo hizo. Entendemos entonces que para nuestra autoridad no hay prioridades, la misma actitud de Nicolás Maduro de no atender el abastecimiento de alimentos y medicinas en su país.

Maduro y Cerrón podría, quizás, tener las mismas mañas, pero jamás la agudeza y olfato político de Hugo Chávez. El fallecido Presidente de Venezuela se llevó a su tumba aquel proyecto político que quería convertir al sur de América en un eje que enfrente a los EE.UU. como lo hace ahora China. Lo que ha dejado tras su muerte son solo monigotes, remedo de líderes de izquierda que tienen en común la holgura de sus bolsillos, el cinismo e incompetencia, la fórmula perfecta para llevar a una sociedad al fracaso.