#Opinión: El último que apague la luz y cierra la puerta, por Luis Nieva

Soy de la generación que empezó a entender la política a partir del año 2000, un año en el que supuestamente el Perú derrotó a la dictadura y abrió paso a la democracia. Digo “supuestamente” no porque Fujimori haya hecho precisamente un gobierno sin corrupción, es todo lo contrario; pero creo que la democracia debió devolvernos la decencia y honestidad y no fue así.

Alejandro Toledo, un cholo como nosotros, era quien se suponía debía recuperar el Perú para los peruanos, sin embargo se lo entregó a Odebrecht y al Club de la Construcción. Ahora con las recientes declaraciones de Jorge Barata en Brasil, nos hemos enterado que Alan García, en vez de frenar esta ola de coimas en el gobierno de Toledo se hizo de la vista gorda y pidió lo suyo. Para 2011, con ayuda de la izquierda, Humala y Nadine ganaron bajo el amparo económico de la empresa brasileña que financió su candidatura. En esa misma línea de tiempo votamos por Susana Villarán para la alcaldía de Lima y resultó que también recibió dinero de Odebrecht para afrontar su campaña del NO a la revocatoria y su posterior intento reeleccionista. ¿Debimos votar entonces por Lourdes Flores Nano? No, ella también recibió plata de los brasileños para su campaña, según Barata.

Ya para el 2016, y frente a la amenaza de Keiko Fujimori, la izquierda apoyó a PPK sin saber que él y la lideresa de Fuerza Popular también habían sido inyectados de dinero sucio proveniente de coimas en Brasil. Ambos ahora tienen arresto domiciliario y prisión preventiva respectivamente.

Esa es nuestra historia política reciente, Toledo en un proceso de extradición al Perú, los Humala cayeron presos y luego liberados, Alan García se suicidó de un balazo en la cabeza, alcaldes y gobernadores regionales financiados por Odebrecht, un Presidente de la República vacado y ahora con grillete electrónico y una excandidata presa de manera preventiva. Ese es nuestro país; el último que apague la luz y cierre la puerta.